sábado, 2 de enero de 2021

LOS TESOROS DEL VATICANO

 El Vaticano, el estado más pequeño del mundo, reúne dos mil años de historia y arte. En menos de un kilómetro cuadrado, su capital, Ciudad del Vaticano, contiene algunas de las joyas y piezas de arte y arquitectura más valiosas que se conocen. Residencia de los pontífices católicos, es un inmenso museo además de un lugar de peregrinación. El paseo completo puede durar más de un día, pues engloba la Basílica de San Pedro y sus grutas, los Museos Vaticanos incluyendo la Capilla Sixtina y los desconocidos Jardines Vaticanos. San Pedro, la mayor iglesia de la cristiandad, se asienta sobre la colina Vaticana. La grandeza que se vislumbra al aproximarnos por la Via della Conzilliazione se confirma cuando se entra en la plaza, en cuyo centro se erige el Obelisco que el emperador Calígula trajo de Egipto en el siglo I. Una vez dentro, la imagen que se contempla abruma por su grandeza y riqueza decorativa. Enseguida todos los ojos se dirigen a la derecha, hacia la emotiva escultura La Piedad de Miguel Ángel, protegida tras una mampara de cristal después de un ataque vandálico en 1976. Lo siguiente es acercarse por la nave central hasta el Altar Mayor que, según la tradición, fue erigido sobre la tumba de san Pedro. Allí se alza el baldaquino que Bernini cubrió con láminas de bronce del Panteón de Roma y, tras él, en el ábside, la Cathedra Petri, un púlpito-relicario del mismo autor. Por debajo se abren las Grutas Vaticanas, una necrópolis con tumbas papales y reales que requieren un permiso de visita.

Pero sin duda uno de los momentos más deslumbrantes de la visita se vive al recorrer los palacios y villas que albergan sus Museos Vaticanos, donde se exhiben las deslumbrantes colecciones papales y que tiene como meta inigualable la Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel. Si hay tiempo conviene empezar por el Museo Gregoriano Egipcio, seguir con el Pío Cristiano (mosaicos, relieves y escultura primitiva) y finalizar en la Pinacoteca (obras del XIV al XVIII). Si no, lo mejor será ir directamente al Cortile della Pigna (Patio de la Piña), para disfrutar de la imprescindible colección de escultura clásica del Museo Pío Clementino. La visita puede concluir en el cercano Castillo de Sant’Angello, una fortaleza emplazada a orillas del Tíber erigida en el año 123 como mausoleo para el emperador Adriano –y hoy un museo–, desde cuya terraza se contempla una soberbia vista del Vaticano, del Tíber y de los barrios de Roma.


https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/que-ver-roma_15051/7

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