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Urbino, una ciudad que resplandece con la gloria del Renacimiento, alberga joyas que van más allá de los nombres célebres de Raffaello Sanzio y Federico da Montefeltro. Una de estas joyas, a menudo eclipsada por otras atracciones, es el Oratorio de San Giovanni Battista, un testimonio viviente de la transición del arte medieval al renacentista.
Construido en 1365, este edificio, que originalmente sirvió como hospital, esconde tras su fachada neogótica un universo de colores y emociones. Al entrar, uno se encuentra con un deslumbrante ciclo de frescos, obra principal de los hermanos Lorenzo y Jacopo Salimbeni, realizados alrededor de 1416. Estos frescos son un puente entre el estilo tardo gótico y los albores del Renacimiento, mostrando una fusión de la vida cotidiana con lo divino.
El punto culminante de este oratorio es, sin duda, la majestuosa «Crocifissione», que ocupa casi toda la pared posterior. Esta obra maestra, con su explosión de colores y detalles, captura la atención y el corazón de cualquier visitante. Pero no es solo la crucifixión lo que fascina; las escenas que narran la vida de San Juan Bautista, desde su nacimiento hasta su trágico final, son igualmente cautivadoras.
A través de estas pinturas, se puede apreciar la evolución del arte durante esa época. Mientras que las obras de Lorenzo muestran una meticulosa atención al detalle y una gracia refinada, las de Jacopo son audaces y realistas, reflejando una nueva dirección en el arte de la época.
No obstante, la historia del oratorio no termina con los Salimbeni. Años después, otro artista, probablemente Antonio Alberti da Ferrara, retomó la tarea de completar el ciclo de frescos. Aunque su estilo difiere de los hermanos, su contribución es igualmente valiosa, narrando la trágica muerte de Juan Bautista.
La entrada cuesta 3€ por persona. Bastante económico.
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